Fuego en el Bernabéu by Eduardo Biscayart

Homenaje a las víctimas de los atentados terroristas en París, antes del inicio del Clásico 171 de Liga, ganado por el Barcelona por 4-0 en Madrid - Foto: Eduardo Biscayart/21-nov-2015

Homenaje a las víctimas de los atentados terroristas en París, antes del inicio del Clásico 171 de Liga, ganado por el Barcelona por 4-0 en Madrid - Foto: Eduardo Biscayart/21-nov-2015

Hubo casi 3000 agentes de seguridad y un operativo que incluyó hasta francotiradores. Tras los lamentables sucesos de París, se temió lo peor para el Clásico. Sin embargo, y por fortuna, la fiesta transcurrió en paz. Eso sí, el triunfo del Barcelona por 4-0 desató un “incendio” de proporciones que deja muy tocado al Real Madrid. Una vez más, tal como ocurrió en 2006 cuando tuvo que renunciar a la presidencia del club, el mal rendimiento deportivo sitúa en el ojo del huracán al proyecto de Florentino Pérez.

Muchas veces, estas tormentas se ven venir desde la distancia, y no es que uno sea agorero o posea las virtudes de aquellos baqueanos que presentían las tempestades por el dolor de sus huesos, el sentido del viento o el color de las nubes.

Allá por el mes de mayo, cuando Florentino despidió a Carlo Ancelotti y anunció la llegada de Rafael Benítez, muchos pensábamos que la idea de cambio conllevaba muchos riesgos. Uno no está en el seno del vestuario, pero no había que ser mago para entender dos cosas: el grupo de futbolistas estaba muy volcado con el entrenador italiano y por lo tanto no estaba de acuerdo con su despido; el estilo de Benítez podía encontrar muchas resistencias en los personajes (estrellas) que dominan un vestuario muy complejo, como en todo club grande.

Florentino sigue haciendo grandes negocios, pero aún no ha dado en la tecla para hacer que este Real Madrid sea un equipo de época. Los cambios constantes de jugadores y entrenadores, en la búsqueda de una excelencia que no llega, solo generan inestabilidad y frustración. El lado económico del club funciona a la perfección; el deportivo no.

La elección de los entrenadores y futbolistas es un tema complejo que debe ser manejado por gente de fútbol. El fútbol lo gestionan los que lo entienden. Desde hace una década sabemos que Florentino sabe de negocios (y mucho), pero que está lejos de ser un erudito en materia futbolística.

Ancelotti era un personaje muy valioso que no fue apreciado. Aún cuando le ha dado al club su mayor alegría en los últimos 13 años. Su despido es una herida que está lejos de cicatrizar y que ha desatado esta sangría que hoy muestra al equipo sin rumbo y muy lejos de poder pelearle la Liga al Barça.

Casi como un espejo, el Barcelona ha vivido a los tumbos en lo institucional, aunque muy bien en lo deportivo, gracias a un equipo que sí ha marcado época y que aún (pese a que muchos lo desean) no parece tener fecha de caducidad. Parte de los escándalos extradeportivos (la sanción de FIFA, las acusaciones a Messi y Neymar) pueden provenir de la tensa relación entre España y Cataluña. Algunos creen que es así. No obstante, en la cancha no se nota, porque al fútbol lo gestionan los que saben de fútbol.

Aquellos que en la entidad culé armaron el plantel y eligieron a Luis Enrique tras Martino, hoy gozan del presente deportivo. Hubo un momento bisagra, tras la derrota en San Sebastián, en la primera jornada de 2015. Ahí la gente del fútbol arregló los problemas del fútbol. Desde ahí el club catalán, pese a la veda de contrataciones, ganó casi todo (salvo la Supercopa de España). Además de otras lesiones importantes, supo salir del complejo brete de no contar con su estrella (Messi) durante un tramo muy delicado de la campaña.

Luis Enrique gestiona (como Ancelotti) con sabiduría. Pese a su carácter por momentos díscolo (así era como jugador), ha sabido equilibrar las fuerzas del vestuario. En su momento más crítico, tras San Sebastián, se apoyó en Xavi Hernández y en Bartomeu. Hoy, luego de que ambas partes hicieran ajustes necesarios, Lucho parece dejar que los futbolistas hagan lo que saben. Interviene lo justo. Nadie ha perdido la motivación pese ha ganarlo todo. Así, el proyecto funciona.

Futbolísticamente hablando, el partido fue un reflejo de todo esto. El Madrid colocó una formación de estrellas (¿influencia del presidente?), pero sin un patrón de juego que las potencie. La falta de Casemiro pudo ser determinante. La falta de tensión a la hora de intentar someter al rival fue inexistente y absolutamente decisiva.

El Barcelona no sabía qué se encontraría, pese a que conocía que el rival llegaba forzado tras la derrota en Sevilla, la desventaja en la tabla, y con dudas por varias lesiones. Sin embargo, es probable que los azulgrana nunca imaginaran que los blancos iban a ser tan complacientes. El Barça se sacudió el miedo tocando el balón. Con 38 pases seguidos, que grafican claramente la pasividad merengue, llegó el primer gol, un gran tanto de Luis Suárez tras una excelente jugada de Sergi Roberto, que encaró por la mitad, casi sin oposición, infligiendo profundo un tajo en el corazón rival.

El Madrid vio caer su valla con facilidad por primera vez, y así lo haría por segunda, tercera y cuarta. Modrić y Kroos no podían cerrar los espacios a sus espaldas. La defensa era blanda y el Barcelona se paseaba por Chamartín. Neymar y Suárez, majestuosos, revolcaban a la última línea cuando se lo proponían. Sergi Roberto, Rakitić, Busquets e Iniesta, imperiales, jugaban a voluntad. La goleada era inevitable, e incluso sirvió de escenario para el regreso de Messi, aún cuando su presencia (ingresó con el marcador 0-3) no fuese tan necesaria.

Iniesta hizo el gol de la noche (uno de los tres mejores de su tan ilustre carrera) y se llevó los mejores aplausos de la grada, que también festejó (por impotencia) la expulsión de Isco tras golpear a Neymar.

El 0-4 quedará, para los azulgrana, en la historia de los Clásicos. Estará en lo alto, junto al 0-5 de 1974, el 2-6 de 2009 y el 5-0 de 2010.

Quizás esta versión del Barça no sea tan brillante como lo eran aquellos equipos de Guardiola; queda a debate. Luis Enrique, con otros jugadores, ha logrado la transición de ese ballet que tocaba y tocaba hasta el hartazgo a este equipo que no se adorna tanto, pero que lastima mucho más, aunque sin perder la esencia del rondo, herencia de Cruyff.

No son horas pacíficas para el Real Madrid.La goleada sufrida por los blancos marca una crisis profunda. Un “incendio institucional” que requerirá de mucha pericia para ser extinguido.