Una fantástica temporada europea / by Marcela Perez

Lisboa, 24 de mayo de 2014. Real Madrid y Atlético de Madrid forman antes del inicio de la final de la UEFA Champions League en el "Estádio da Luz". Tras empatar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios, Real Madrid se impuso por 4-1 en la prórroga, quedándose con su décima Copa de Europa/Champions League. Foto: Eduardo Biscayart

Lisboa, 24 de mayo de 2014. Real Madrid y Atlético de Madrid forman antes del inicio de la final de la UEFA Champions League en el "Estádio da Luz". Tras empatar 1-1 en los 90 minutos reglamentarios, Real Madrid se impuso por 4-1 en la prórroga, quedándose con su décima Copa de Europa/Champions League. Foto: Eduardo Biscayart

Caminando por las arenas de Copacabana y con la mente puesta en el Mundial, pensé que antes de meternos de lleno en la fiesta brasileña, valía la pena hacer un balance de la campaña europea 2013/14 a nivel de clubes, la cual se cerró hace apenas dos semanas. 

Innegablemente la temporada tuvo un claro tinte español. Coronó al Real Madrid de Carlo Ancelotti, Cristiano Ronaldo y Gareth Bale con un doblete histórico e inédito (Copa y Champions); elevó a la categoría de mito al Atlético de Madrid del Cholo Simeone; proyectó al Sevilla a planos donde supo estar y de donde cayó al desgastarse; y, confirmó el declive del FC Barcelona.

La final de Lisboa, de la cual quizás ya no se puede agregar mucho, mostró un partido de poco fútbol. Por 92 minutos tuvo todas las señales de ser para el Atlético, puesto que se jugó como Simeone quiso. Sin embargo, Sergio Ramos hizo su aparición en un momento clave. El partido, cargado de un dramatismo incomparable, fue todo del Real Madrid a partir de ese instante. Por diversas circunstancias del encuentro, el Atlético se ‘vació’ en 92 minutos y luego ya no tuvo respuestas ante un equipo que no había jugado un cotejo perfecto – ni mucho menos. El Madrid demostró todo el poderío de su arsenal y destruir al rival de su ciudad, al cabo de una final inolvidable. La décima es una realidad y el Real Madrid se quedó con la ‘orejona’, con los atributos de un verdadero rey de Europa.

El Atlético quedó a segundos de la gloria, como en aquella histórica final de 1974 ante el Bayern. No obstante, la temporada devolvió destellos de gloria al club del Manzanares. La obtención de la Liga, tras 18 años de sequía, es un motivo de gran orgullo para los colchoneros. Un cuadro guerrero, encolumnado detrás de su líder (Simeone), luchó hasta el último instante para volver a posicionar al Atleti en lo más alto de España. La columna vertebral de un equipo que va camino de sufrir una nueva reforma (obligada por la situación económica del club) la marcaron Courtois, Godín, Gabi, Koke y Diego Costa. El desafío será el de volver a construir los cimientos del sueño para repetir la premisa del recordado Luis Aragonés: “ganar, ganar y volver a ganar”.

El Sevilla ganó la Europa League gracias al temperamento andaluz. No tuvo más fútbol que el Benfica en la final de Turín, pero como bien se sabe, las finales no se juegan, se ganan. Con el peso, o sin él, de la maldición de Béla Guttmann, el equipo del barrio de Nervión echó el tiempo atrás para recordarnos a aquel Sevilla que reinaba en la clase media de Europa hace una década. Sigue sin ser el Sevilla de Alves, Navas, Kanouté o Luis Fabiano, sin embargo tiene a Unai Emery en la banda. La energía del entrenador guipuzcoano, una vez que los jugadores llegaron a comprender su mensaje intenso y a veces pegajoso, contagió a los muchachos y les dio un plus que garantizó el triunfo.

Aún sin ser ganador, el Barcelona fue protagonista. La cara de la temporada será el Tata Martino. El entrenador rosarino se hizo cargo del fracaso y se fue sin hacer mucho ruido. A su paso, el Barça no logró solucionar los problemas que lo aquejan desde el declive que anunció Josep Guardiola a su salida del equipo en 2012. El FC Barcelona tiene los mismos problemas que dejó entrever Pep: un vestuario tan agitado como difícil de controlar y un equipo que debe renovarse para jugar como lo hizo hace tres años. Martino llegó con poca autoridad y no pudo hacer cambios en la dinámica del conjunto. Además, el Barça vivió una temporada tan convulsa a nivel institucional, que el ‘affaire Neymar’ salpicó al club hasta forzar la renuncia del presidente Rosell. Martino se topó con los mismos problemas futbolísticos y de gestión que Guardiola y Tito Vilanova. El modelo del Barça exige perfección futbolística, intensidad y entrega total. Luis Enrique, quien conoce muy bien la casa, deberá partir desde un parámetro cero para encarar la renovación y volver a alcanzar aquellos históricos valores. Su reto es enorme.