Bem-vindo, Mundial! / by Eduardo Biscayart

Niños juegan al fútbol en las playas de Copacabana, Río de Janeiro, durante el Mundial Brasil 2014. Foto: Eduardo Biscayart (13-jun-2014)

Niños juegan al fútbol en las playas de Copacabana, Río de Janeiro, durante el Mundial Brasil 2014. Foto: Eduardo Biscayart (13-jun-2014)

Cada Mundial deja una marca. No podemos negar que por mejor o peor que sea el nivel futbolístico del evento, una Copa del Mundo logra proyectar los sueños de millones de aficionados – jóvenes o viejos – a lo largo de todo el mundo. Afirmando aquellos axiomas que indican que la pasión no tiene edad y el fútbol no sabe de fronteras.

He llegado a Río de Janeiro con mi cuota de sueños a cuestas para vivir, cargado de ilusiones, mi tercer mundial ‘in-situ’ – descontando aquel de Argentina 1978 que marcó mi vida para siempre desde mis infantiles ocho años.

Es increíble lo que logra el fútbol. Pese al paso del tiempo no olvido dónde vi cada uno de los partidos de Argentina en aquella Copa. Me recuerdo intentando repetir aquel golazo de Leopoldo Luque ante Francia, logrado con una hermosa volea al ángulo de Dominique Baratelli. Todo de aquel Mundial fue mágico: los uniformes, goles impresionantes como los de Teófilo Cubillas, la potencia de Mario Kempes, las atajadas del ‘Pato’ Fillol… los ídolos que se marcan para siempre en nuestra piel.

Esa edición representa el Mundial de mis primeros recuerdos de fútbol en todas sus dimensiones. Ese Mundial marcó mi vida. Parece un sueño estar hoy aquí. Así es la vida. Estamos en aquellas tierras donde en 1950 un fracaso marcó el destino futbolístico de todo un pueblo. Donde Ghiggia silenció a una nación que luego se levantó tras el Maracanazo para escribir momentos de gloria suprema. Sin embargo, este fútbol brasileño ya no tiene esa poesía que le dieron cracks como Pelé, Garrincha, Vavá, Coutinho, Zagallo y tantos otros que sucedieron a esos pioneros que supieron elevar a un país tras el duro golpe del ‘50.

Brasil se apartó del ‘Jogo Bonito’ porque la presión hace que deba ganar siempre. Y en este caso debe además enmendar la falla histórica del ‘50. Sus enemigos lo saben y buscarán capitalizar ante la presión que tienen los locales, que además cuentan con un equipo que no posee tantas estrellas como antaño. Neymar es el líder y tiene mucho talento, pero solo es un joven de 22… Su fortaleza deberá servir de amalgama para un pueblo que quiere vivir un inédito carnaval en julio.

Hay momentos en los que uno no tiene palabras justas o suficientes para describir la emoción. Uno quisiera agradecer a la vida o a aquellas personas que nos han permitido gozar estos momentos y compartirlos con ustedes. Hoy hablo desde de la emoción. Mañana hablaré de fútbol. Este jueves comenzó una fiesta que logrará el milagro de llegar a muchos corazones – pese a que a veces la FIFA parezca no tener alma. Pese a todos sus problemas, el fútbol sigue siendo absolutamente puro en el goce del hincha. Como bien dijo Maradona: la pelota no se mancha.