México se transforma y avanza por la puerta grande / by Marcela Perez

México despliega un ataque en el partido contra Croacia disputado el 23 de junio en la Arena Pernambuco, en Recife por el Grupo A del Mundial Brasil 2014. México se impuso por 3-1 y avanzó a los octavos de final.

México despliega un ataque en el partido contra Croacia disputado el 23 de junio en la Arena Pernambuco, en Recife por el Grupo A del Mundial Brasil 2014. México se impuso por 3-1 y avanzó a los octavos de final.

Dicen por la vida que no importa cómo uno llega, sino que lo importante es llegar. Aún así, pese a lo simple y profundo a la vez de la frase popular, parece absurdo que el 15 de octubre de 2013 la selección mexicana de fútbol haya estado con un pie fuera de este Mundial Brasil 2014. Sobre todo cuando uno compara el rendimiento de aquel equipo que deambulaba por los campos sin guía ni fe, con la imagen de este que pisa con firmeza y logra avanzar hacia los octavos de final al cabo de superar un grupo muy complejo.

La explicación es muy sencilla, pese al fuerte contraste entre una cara y otra del mismo conjunto. El factor que explica el cambio se llama Miguel Herrera. Cuando tomó la selección, el “Piojo” apeló al pragmatismo de los grandes líderes para enfrentar el repechaje ante Nueva Zelanda con futbolistas del medio local. Y luego se dispuso a recomponer al equipo – hasta plasmar poco a poco esta expresión segura y versátil que se parece al mejor México de todos los tiempos.

Miguel, un “Lavolpista” de la primera hora, ha armado un conjunto apoyado en los principios de su “maestro”. Con Ochoa, Márquez, Héctor Herrera y Giovani dos Santos como elementos fundamentales en su estructura vertebral, este México maneja todos los conceptos del fútbol: seguridad, marca, presión, despliegue físico, juego, toque y llegada. Se apoya en la línea de tres defensores (o de cinco, como dice La Volpe), en un medio campo dinámico y con pausa a la vez, que sabe armar transiciones para la llegada de los laterales desde el fondo, y luego elabora su juego de ataque a través de Héctor Herrera, Guardado, Giovani y Peralta.

El partido ante Croacia fue perfecto; una clase de táctica. Los europeos nunca le encontraron la vuelta a un equipo que supo cerrar espacios en su campo y que así metió a los croatas en un embudo. México hizo que los europeos se olvidaran del juego por las bandas y así solo llegaron con pelotazos. Y una vez con el balón, supo lastimar. De hecho, pese a que el empate le alcanzaba, el ‘Tri” siempre generó las mejores llegadas. El 3-1 final es un resultado que expresa a las claras la superioridad mexicana y lo empequeñecido que quedó el – a priori – encumbrado adversario.

El repaso de los juegos de la fase de grupos muestra, además, la riqueza de recursos del cuadro tricolor. Contra Camerún la presión fue alta y ello obnubiló a los africanos; se debió golear y los árbitros no ayudaron. Contra Brasil intentó dar lucha en el medio, pero terminó dependiendo de Ochoa; se pudo perder y se pudo ganar, aunque fue empate. Y contra Croacia el equipo cedió el balón al inicio del juego, para luego terminar dominando en todos los aspectos.

México ya había logrado dos victorias y un empate al cabo de la fase de grupos de un Mundial: en 1970 (de local ante Unión Soviética, Bélgica y El Salvador), 1986 (también de local, ante Bélgica, Irak y Paraguay) y en 2002 (en Japón, ante Italia, Ecuador y Croacia). De esos casos, solo en 1986 llegó a disputar un quinto partido, cayendo en él por penales ante Alemania.

Pensando en ese famoso quinto partido (casi folklórico para la prensa azteca), hoy México sueña realísticamente con alcanzarlo. Se ha quitado los complejos de encima (mérito de un hombre que nunca fue acomplejado pese al apodo de “Piojo”) y mira a todos de igual a igual. Era hora; una nación de 120 millones de habitantes y llena de pasión por el fútbol tenía que poder armar un buen equipo.

El domingo el Tri tiene cita con Holanda, un seleccionado también lleno de recursos y con un gran técnico, como Louis van Gaal, que nos hace pensar que la mítica naranja mecánica está de regreso. Sin embargo, México parece no tener límites. Quizás esta sí sea la hora de la gloria.