Argentina y Uruguay: gigantes de dos caras / by Marcela Perez

Lionel Messi celebra su segundo gol (su cuatro del Mundial Brasil 2014), en la victoria de Argentina ante Nigeria por 3-2 en el Estadio Beira-Rio, en Porto Alegre, el 25 de junio de 2014.

Lionel Messi celebra su segundo gol (su cuatro del Mundial Brasil 2014), en la victoria de Argentina ante Nigeria por 3-2 en el Estadio Beira-Rio, en Porto Alegre, el 25 de junio de 2014.

Sudamérica tiene la fortuna de contar con varios hechos que la convierten en una referencia del fútbol mundial. En Sudamérica se disputó la primera edición de la Copa del Mundo y desde allí tres naciones se han proyectado hasta alcanzar el ansiado título: Brasil, Argentina y Uruguay. Sudamérica, por tanto, siente la necesidad de quedarse con la copa en esta cita brasileña y para ello tiene varios candidatos.

Brasil es un caso aparte y perenne favorito al cetro, puesto que es la mayor potencia mundial, por haber obtenido cinco veces el trofeo. Además, como nación anfitriona, cuenta con la candidatura más fuerte de todos los equipos que restan en competencia.

Solo separados por el ancho Río de la Plata, Argentina y Uruguay son dos pueblos muy parecidos entre sí. Por tradición y logros vienen detrás de Brasil, pero en este mundial ambos exhiben dos caras: una sublime y otra no tanto.

Argentina tiene a Messi y no hace falta agregar que esa es su cara positiva y extraordinaria. Bien acompañado en ataque, Leo luce destinado a marcar en Brasil todos los goles que no pudo anotar en Sudáfrica, y ese plus puede resultar decisivo - como hasta ahora. De la mano de Messi el pueblo argentino se ilusiona con su tercer título. ¿Su cara negativa? La falta de equilibrio del cuadro albiceleste.

Este miércoles, con recursos modestos, Nigeria expuso la debilidad del juego defensivo argentino, aún pese al 3-2 final a favor. Cada vez que Argentina pierde el balón en ataque, su estructura se quiebra con extrema facilidad. Ante Nigeria resultó algo preocupante la falta de velocidad de Zabaleta (muchas veces comprometido en el uno contra uno ante la carencia de ayuda de Gago). Luego, su medio campo defensivo parece muchas veces perdido, encendiendo las alarmas las fallas de posicionamiento de Mascherano (en tierra de nadie, como en la jugada del 1-1 de Nigeria). Mascherano suele quedar muy solo a la hora de contener.

Aparte de contar con Messi en la columna del haber, Argentina tiene el hecho de que el sorteo lo ha favorecido; su camino a semifinales no luce complicado. Sin embargo, cada partido de aquí en adelante resultará una final donde los errores se pagan con la eliminación. Suiza es su primer examen, y pese a que los partidos hay que jugarlos, Argentina parece estar en un nivel superior a los helvéticos.

Las dos caras uruguayas son algo más complicadas de explicar, y se simbolizan en la imagen de Luis Suárez: la buena y la mala.

Suárez emocionó a todos en la victoria frente a Inglaterra, marcando dos goles y devolviéndole la vida a un equipo que, tras la inesperada derrota ante Costa Rica, parecía exhibir señales de desgaste y de ir tomando el amargo camino de la eliminación. Aunque - y pese a que en Uruguay se lo defienda de un modo lógico - el delantero del Liverpool (bota de oro de Europa) luego causó espanto en el episodio donde parece morder al italiano Giorgio Chiellini en el hombro. La primera imagen de Suárez emociona, la otra causa un lógico rechazo.

No obstante, Uruguay, el pequeño gigante del Río de la Plata, autor de gestas deportivas fantásticas es capaz de todo. Con o sin su goleador, nunca será un rival fácil, pese a que solo ha mostrado buen fútbol ante los ingleses.

Pese a todo, la épica garra charrúa es su estandarte. Gracias a ella, y al innegable talento de sus futbolistas, Uruguay ha escrito muchas páginas gloriosas. Hoy su juego ya no es el mismo de hace tres o cuatro años, pero sería un error el dar a la Celeste por muerta.

Chile y Colombia llegan con fuerza y con hambre de triunfo. Brasil es la apuesta segura, pero Argentina y Uruguay sienten que en Maracanã pueden recrear una hazaña similar a la uruguaya de 1950. Para lograrla deberán dejar de ser un gigante de dos caras y mostrar mucho más de su lado bueno.