México murió de pie / by Marcela Perez

El entrenador de Costa Rica, el colombiano Jorge Luis Pinto, celebra la clasificación del equipo centroamericano a cuartos de final, al cabo de la definición por penales ante Grecia, en Recife, durante el Mundial Brasil 2014. El encuentro disputado el 29 de junio culminó 1-1 tras el tiempo reglamentario y el suplementario.

El entrenador de Costa Rica, el colombiano Jorge Luis Pinto, celebra la clasificación del equipo centroamericano a cuartos de final, al cabo de la definición por penales ante Grecia, en Recife, durante el Mundial Brasil 2014. El encuentro disputado el 29 de junio culminó 1-1 tras el tiempo reglamentario y el suplementario.

A estas alturas, cuando el dolor más aprieta, las explicaciones suelen resultar más vacías que nunca. Solo basta decir que a México se le derrumbó la ilusión en los minutos finales de un partido marcado por el abrasador calor de Fortaleza (absurdo jugar ahí a las 13 horas) y por la polémica del penal de Rafa Márquez a Robben, sancionado por el árbitro portugués Pedro Proença.

¿Fue o no penal? Resulta sin sentido buscar una respuesta precisa. La jugada pasará a engrosar la lista de polémicas de esta Copa y de la historia de los Mundiales. Robben fue rozado por Márquez; fiel a su costumbre cayó aparatosamente, al cabo de una jugada muy peligrosa contra el fondo del terreno. Solo así, con un gol a los 43 y otro a los 49 del segundo tiempo (el juego se detuvo por tres minutos para que los protagonistas se hidrataran), México cedió ante la intensa presión holandesa.

Miguel Herrera ha hecho un trabajo brillante al frente del equipo Tricolor. El equilibrio y el despliegue de su cuadro pusieron en aprietos a los subcampeones del mundo. El gol de Giovani dos Santos, a los 48, fue la coronación brillante del buen trabajo mexicano. Pero al verse al borde del abismo, la naranja, en su partido más terrenal en Brasil, aunque en el más luchado de todos, supo reaccionar de la mano del experto van Gaal.

Louis mostró todo el repertorio de su arsenal, obligando a Herrera a responder de un modo defensivo, aún pese a su ventaja en el marcado. Tras el cambio por lesión de de Jong, van Gaal sacó a un lateral (Verhaegh) y a su estrella (van Persie), cambiando de posición a Kuijt e insertando a Depay y al altísimo Huntelaar.

Herrera sacrificó a su jugador más talentoso (dos Santos), para cubrir la banda derecha con Aquino. Quizás allí se haya notado la carencia de un habilidoso como Carlos Vela. Pero Vela no está hace rato (tema a corregir para el futuro) y México entendió que era la hora de bajar la persiana, pese a que faltaban 30 minutos de juego.

Holanda derribó el muro y entró por la fuerza cuando parecía que los mexicanos iban a lograr la hazaña. Una vez más, no pudo ser para el Tri. Pese a las atajadas milagrosas de Ochoa, el liderazgo de Márquez, el despliegue sin fin de Héctor Herrera, el talento recuperado de Giovani o la planificación del Piojo Herrera. Una vez más, no era la hora del quinto partido.

Para lograr eso y mucho más, el desafío mayor les cabe a los dirigentes, quiénes deberán conseguir que la selección se convierta en una potencia deportiva a la altura de la potencia económica que ya es desde hace muchos años.

 

La proeza Tica

El sorteo había sido muy cruel con Costa Rica. Aun así, los Ticos no se achicaron. ¿Cómo iban a achicarse con un líder como Jorge Luis Pinto?

El estratega colombiano nunca se ha sentido menos que nadie y tampoco lo hizo en diciembre de 2013 al ver el grupo que le tocó. Hoy Italia, Uruguay e Inglaterra ven el Mundial por TV mientras Costa Rica sigue soñando.

El rival más duro en la noche de Recife no fue Grecia, sino el árbitro. Meticuloso y riguroso con el seleccionado centroamericano (no vio un claro penal a favor de Costa Rica y amonestó a seis ticos por dos helénicos), el referí australiano Benjamin Williams expulsó a Duarte a los 66 minutos. Los Ticos, una vez más, no se amilanaron. Afrontaron los 54 minutos de juego que quedaban con 10 hombres y mucha valentía. Tampoco cedieron ante el duro golpe del 1-1 conseguido por Sokratis en los descuentos del tiempo reglamentario. Los hombres de Pinto jugaron y aguantaron el partido hasta forzar los penales.

En la prórroga y en la definición, cuando las piernas flaqueaban, Costa Rica fue sostenida por su arquero, Keylor Navas. Como aliada contó con la carencia de ideas de Grecia, un equipo muy limitado, hecho que en absoluto quita méritos a la histórica clasificación Tica.

Más allá del talento de Ruiz y Campbell, de la seguridad de ese gran arquero que es Navas, o de la frialdad y efectividad de quienes patearon los penales en la definición, quiero detenerme en Pinto. Lo conocí en Alemania 2006, en la sala de prensa de Frankfurt. Puedo decir que entablamos una respetuosa amistad, como aquella que se puede dar entre un comunicador y un protagonista. Pinto no estaba dirigiendo en Alemania; estaba estudiando fútbol. A sus 53 años se preparaba para tener una oportunidad en un Mundial - su sueño.

Pinto no fue jugador, pero ha bregado durante toda su vida para llegar a este nivel. Muchas veces su carácter explosivo o directo lo llevó a no ser querido en Colombia; a ser de muchos otros lados (donde dirigió con éxito) y de ninguno. Tras su largo peregrinar, y para alegría del pueblo de Costa Rica, Pinto ha encontrado su lugar en el mundo.