Los grandes de Europa sufren – pero siempre están / by Marcela Perez

El entrenador de la selección de Holanda, Louis van Gaal, durante una conferencia de prensa en el Mundial Brasil 2014.

El entrenador de la selección de Holanda, Louis van Gaal, durante una conferencia de prensa en el Mundial Brasil 2014.

Al cabo de la tercera jornada de los octavos de final, y de haber definido a seis de los ocho equipos que jugarán los cuartos,  América y Europa mantienen una paridad asombrosa. Brasil, Colombia y Costa Rica defienden el territorio americano,  mientras que Francia, Alemania y Holanda sacan la cara por el viejo continente con fórmulas consistentes y estilos definidos.

Fuera de contienda están ya los últimos Campeones del Mundo, Italia y España, al cabo de pálidas demostraciones y cerrando casi con laconismo los ciclos de leyendas del fútbol mundial como Xavi Hernández, David Villa, Andrea Pirlo y Gianluigi Buffon. Tan duro fue el golpe de españoles e italianos, que el paso arrasador del Mundial no nos ha dejado espacio para dimensionar la figura de estos monstruos que aquí cerraron épocas brillantes.

No es el momento “obituarios de carreras deportivas” ni de buscar las razones del fracaso español o de la segunda eliminación consecutiva de Italia de una primera rueda de un Mundial. La idea es referirnos a los que sí están, aunque hayan sufrido mucho más de la cuenta en sus partidos de octavos: Holanda, Alemania y Francia.

De todos ellos, quien parece estar viviendo un momento especial es Holanda.

Pese a su historia de eterna promesa de los Mundiales, erigida al cabo de tres subcampeonatos, esta Holanda es sencillamente el equipo de Aloysius Paulus Maria van Gaal, más conocido como Louis. A sus 62 años, después de casi 30 como entrenador, y de su segundo paso por la selección “Oranje”, este van Gaal recuerda al de sus mejores épocas, aquellas del Ajax de los años 90.

Van Gaal siempre ha sido pura personalidad. Aquí, pone y saca, hace y deshace con su equipo, fiel al repertorio más versátil de los grandes maestros del banquillo. Repliega líneas cuando le conviene, como contra Chile. Asfixia en el medio del campo, como contra España, y sufre contra Australia o México, pero rectifica con gran clase.

Sus tres cambios ante México fueron para introducir verdaderas modificaciones al cuadro. Ante la lesión de Nigel de Jong hizo ingresar a un lateral, Bruno Martins Indi, cambiando de rol a Daley Blind, colocándolo de medio centro al cabo de iniciar como lateral zurdo. Cuando necesitaba atacar, tras el gol de Giovani dos Santos, quitó al lateral derecho, Paul Verhaegh, para cambiar de banda a Dirk Kuijt, ubicándolo como un lateral ofensivo en la derecha para acompañar a Robben, situando en la izquierda al veloz Memphis Depay. Y, finalmente, cuando el barco se hundía, sustituyó a la estrella, Robin van Persie, para agregar centímetros al ataque, con el decisivo ingreso de Klaas Jan Huntelaar.

Un verdadero jeroglífico que solo una mente brillante podría planificar, incluso sacando provecho de las pausas de hidratación para dar instrucciones decisivas. El resultado: Holanda se rescató de la quema con gran garra y corazón.

Quizás esta no sea una “Naranja Mecánica” ni tenga la calidad de aquel fantástico equipo que patentó Rinus Michels en los 70. Sin embargo, tanto el cerebro de van Gaal como la versatilidad de los esquemas del entrenador hacen que sea un cuadro impredecible y peligroso, capaz de reivindicar a aquellos grandes seleccionados que, pese a sus figuras, se quedaron siempre a las puertas de la gloria.

De lo que padecieron Francia y Alemania este lunes, solo diré que queda claro que en este Mundial no hay rivales sencillos ni partidos “ganables”. A los ojos del mundo Nigeria y Argelia comenzaban sus encuentros sin opciones y terminaron obligando a galos y germanos a un esfuerzo que nadie imaginaba.

Entre el toque y la armonía de franceses, y la voluntad y la potencia de los alemanes, solo uno avanzará a las semifinales. Para ese duelo de estilos y tradiciones no habrá mejor escenario que el célebre Maracanã.