Sufrir y sufrir, el lema argentino / by Marcela Perez

Lionel Messi conduce el balón en la jugada decisiva del duelo ante Suiza, disputado en São Paulo el 1 de julio de 2014, válido por los octavos de final del Mundial de Brasil. Messi asistió a Ángel Di Maria en la acción del único gol del partido, convertido al minuto 118. 

Lionel Messi conduce el balón en la jugada decisiva del duelo ante Suiza, disputado en São Paulo el 1 de julio de 2014, válido por los octavos de final del Mundial de Brasil. Messi asistió a Ángel Di Maria en la acción del único gol del partido, convertido al minuto 118. 

El tango es la música por excelencia del Río de la Plata, zona marcada - en sus dos márgenes - por la inmigración, sus nostalgias y sus sufrimientos. Fiel a ese espíritu tanguero, la selección argentina de fútbol ha encontrado un nuevo modo de hacer sufrir a su público: con una alarmante carencia de juego, aún pese al avance del equipo a cuartos de final.

No le sobró nada al equipo de Alejandro Sabella. Más bien, le faltó mucho. Ante el correcto equipo suizo, bien plantado en el terreno por el veterano Ottmar Hitzfeld, las falencias argentinas quedaron demasiado expuestas. Entre ellas, la carencia de ritmo, variantes, velocidad y - por momentos - hasta de decisión y concentración defensiva.

Argentina es un equipo que se distingue por sus aportes puntuales y por su falta de cohesión colectiva. No obstante, para su fortuna, Messi apareció decisivamente en todos sus partidos en Brasil. Sin Messi el equipo Albiceleste no habría llegado tan lejos. Mientras Messi marca diferencias y el juego brilla por su ausencia, otras individualidades han tenido contribuciones certeras, como en el caso de Sergio Romero (alternando muy buenas con algunos errores) y el de Ángel Di María, quien pleno de energía en el final ante Suiza en São Paulo marcó un gol que define toda su calidad. El resto del equipo, así como el entrenador, cumple con nota discreta.

Sabella no es un revolucionario. Más bien, es lo opuesto. Es conservador y poco audaz, muy apegado a la línea de Luiz Felipe Scolari (por ejemplo) o de uno de sus maestros, Carlos Bilardo. Con el 0-0 y el partido camino de los penales, Sabella solo se dedicó a reemplazar hombre por hombre en sus cambios, sin alterar el funcionamiento o el estilo de juego de un conjunto que claramente no podía marcar diferencias.

Así las cosas, Argentina sufrió hasta el final, cuando en el minuto 118 Palacio robó un balón en la salida suiza, Messi iluminó la tarde y Di María hizo explotar el Itaquerão. Sobre la hora hubo espacio para más susto de Romero, quien otra vez, escapó indemne gracias a la diosa fortuna.

El rival del sábado es de otra categoría. Veloz, directo, audaz y pleno de futbolistas decisivos. La Bélgica de Marc Wilmots ha dado claras muestras de ser un serio candidato al título, pues como equipo lo tiene todo, desde su fantástico arquero (Courtois), a sus delanteros jóvenes y de calidad (Origi, Lukaku), pasando por una defensa muy pareja y un medio campo pleno de toque y talento (Fellaini, Witsel, de Bruyne, Hazard, Mertens).

Mientras Argentina jugó de un modo conservador ante Suiza, Bélgica entregó un partido memorable ante Estados Unidos. Un golpe por golpe valiente y hasta irracional, donde el arquero norteamericano Tim Howard cumplió una actuación extraordinaria y quizás histórica.

Tras ambos equipos haber disputado tiempos suplementarios muy exigentes, las energías (o la falta de ellas) serán también decisivas en el choque de las 13 horas del sábado en Brasilia.