Alemania 7 – Brasil 1. Clase de historia en el Mineirão / by Marcela Perez

Thomas Müller celebra el primer gol de la victoria alemana por 7-1 frente a Brasil en la semifinal del Mundial 2014. El encuentro disputado el 8 de julio de 2014 en el estadio Mineirão de Belo Horizonte. El abultado marcador supuso la peor derrota en la historia del fútbol brasileño. Foto: Gabriel Piko (www.pikopress.com / Twitter: @gabrielpiko).

Thomas Müller celebra el primer gol de la victoria alemana por 7-1 frente a Brasil en la semifinal del Mundial 2014. El encuentro disputado el 8 de julio de 2014 en el estadio Mineirão de Belo Horizonte. El abultado marcador supuso la peor derrota en la historia del fútbol brasileño. Foto: Gabriel Piko (www.pikopress.com / Twitter: @gabrielpiko).

Cuando Brasil tomó el desafío de organizar un Mundial por segunda vez en su historia, el objetivo de toda la nación era el de sanar la histórica herida de 1950, abierta por el histórico Maracanazo uruguayo con Alcides Ghiggia a la cabeza.

Aquella puñalada al corazón de la nación más futbolera del mundo, sufrida el 16 de julio de 1950, no sanará aún. Alemania, con un histórico 7-1 en la tarde-noche del 8 de julio de 2014 en el Estadio Mineirão de Belo Horizonte, se encargó de profundizarla más, al propinarle a Brasil la derrota más dolorosa de su historia.

Brasil partió la semifinal con un sueño y ese sueño se convirtió en pesadilla en 18 minutos, lapso que transcurrió entre el primer y el quinto gol de los alemanes. Nadie imaginó un espectáculo semejante.

Pese a lo imponente del marco del Mineirão, Alemania salió con su libreto de siempre: orden, actitud y concentración. En la cancha, pese a la euforia de las tribunas, siempre juegan once contra once y los alemanes suelen conocer perfectamente la fórmula de la victoria. Este caso no fue la excepción. La pizarra indicaba presión alta de la defensa, repliegue armónico de un equipo encerrado ordenadamente en 30 metros de terreno y siempre dispuesto a disparar rápidamente el contragolpe sobre los espacios dejados por el poco cuidadoso rival.

Si hay algo que Joachim Löw ha cambiado en la “Mannschaft”, marcando una tendencia que abarca a varios de los llamados técnicos de la nueva generación alemana, es que ya no depende del pelotazo. Alemania toca y abre espacios gracias al talento de sus futbolistas, copiando la esencia de la fórmula española. Cuando España dejó la “furia” y evolucionó al toque, lo ganó todo. Eso inspiró a Alemania. Aquella España frenó dos veces a Alemania (2008 y 2010). Hoy, sin España en el torneo, ¿quién frena a Alemania?

Alemania no es un equipo cualquiera; es uno muy especial, casi infalible, donde subrayar a una sola figura nos compromete a quedar mal con alguno de los otros futbolistas del equipo. Cada uno de los hombres que saltó al terreno en Belo Horizonte resultó sobresaliente. Especialmente Miroslav Klose, quien con su gol del minuto 23 (el 2-0) llegó a 16 tantos para convertirse en el máximo realizador de los Mundiales, en otro detalle especial e histórico. Sin embargo, las actuaciones de Khedira, Kroos o Müller no pueden pasar inadvertidas.

Aún cuando el 7-1 sea un resultado inusual y a priori impensado, el hecho que Alemania esté en la final del domingo 13 de julio en Maracanã, no resulta nada ilógico. Sobre todo si observamos el rendimiento del equipo en los últimos años.

Los germanos no han logrado trofeos entre 2002 a 2014, y no obtienen títulos importantes desde 1996 (Eurocopa). Pero si repasamos los siete grandes eventos disputados en ese período que comenzó en 2002 (Mundiales y Eurocopas), Alemania solo ha “fallado” en la Euro 2004, cuando resultó eliminada en la fase de grupos.

Desde 2002 a la fecha, Alemania ha llegado a seis semifinales sobre siete torneos posibles, avanzando a la final en el Mundial 2002 y en la Euro 2008. A esa fantástica prueba de regularidad hoy hay que agregarle la final de Brasil 2014.

Muchas veces campeón sin corona pero siempre dueña de un espíritu incombustible, Alemania llega a su octava final mundialista en busca de su cuarta corona. En la definición lo espera Holanda, selección a la cual le ganó su segundo Mundial; o Argentina, a la cual le ganó el tercero.

Los rivales de São Paulo saben que el miércoles los aguarda una dura batalla y que al cabo de ella aguarda Alemania, que por la contundencia en el modo de lograr el pase a la final, hoy parece invencible.

Brasil sufrió un golpe tan duro como el de 1950. Hoy la “tristeza não tem fim”. Por lo bajo algunos insinúan que el castigo por traicionar el estilo nacional del jogo bonito, a la larga se paga. Otros dicen que ya sin el talento que tuvo en 2002, Felipão quedó desnudo y el 7-1 es la forma más dura de mostrarlo.

Sea como fuere, esta nación se pondrá de pie. Si Pelé encontró inspiración en el llanto de su padre al cabo de la final de 1950, seguramente alguien en esta rica nación sacará rabia de entre tanto dolor para llevar a este gigante nuevamente a lo más alto.