Argentina finalista, con puntería y con los viejos atributos de su fútbol / by Marcela Perez

Los futbolistas argentinos celebran el pase a la final de Brasil 2014 al cabo de la definición por penales ante Holanda y del disparo convertido por Maximiliano Rodríguez. Argentina se enfrentará a Alemania en el definición del torneo el domingo 13 de julio en el Estadio Maracanã de Rio de Janeiro. Foto: Gabriel Piko (www.pikopress.com / Twitter: @gabrielpiko)

Los futbolistas argentinos celebran el pase a la final de Brasil 2014 al cabo de la definición por penales ante Holanda y del disparo convertido por Maximiliano Rodríguez. Argentina se enfrentará a Alemania en el definición del torneo el domingo 13 de julio en el Estadio Maracanã de Rio de Janeiro. Foto: Gabriel Piko (www.pikopress.com / Twitter: @gabrielpiko)

Probablemente impresionados por el 7-1 del martes, producto de los errores brasileños y la contundencia alemana, Argentina y Holanda nos entregaron un partido de fútbol que se pareció más a un match de ajedrez. Un espectáculo cerrado que duró unos tensos 120 minutos, más los penales. Si el marcador del martes se había metido en la historia por lo abultado, el del miércoles lo hizo por lo cerrado; el 0-0 fue el primero en los anales de las semifinales de los Mundiales.

En la Arena de Corinthians no brillaron quiénes brindan espectáculo. En su defecto lucieron las defensas y los medios de contención. Las figuras argentinas fueron Garay, Biglia y Mascherano, aunque el sorprendente aporte de Enzo Pérez está también dentro de los más destacados, junto con Zabaleta, Demichelis, Rojo y por supuesto Romero, poco requerido en el juego, aunque decisivo en los penales. En Holanda brilló Vlaar, imponente en la defensa, muy bien secundado por Blind, de Vrij y el empuje de Kuijt. Todo esto explica un partido en el que triunfaron los que impedían el juego y fracasaron quiénes tenían que proponerlo.

La carencia de espacios y el achique de las defensas fue el lema del partido. El equilibrio del cuadro de Sabella ha ido creciendo con el correr de los juegos. De aquel experimento con el 5-3-2 contra Bosnia en Maracanã, o del equipo que se fracturaba fácilmente en Beira-Rio ante Nigeria, solo quedan recuerdos. Van Gaal, un maestro de la pizarra, aquí también hizo de las suyas y logró clausurar muchos de los caminos de Messi, quien tuvo un partido de escaso aporte, al igual que van Persie, Robben o Sneijder.

Argentina fue un cuadro más seguro de lo que se esperaba y Holanda fue más temeroso de lo que se suponía. Así, ambos equipos no lograron trascender de la fase de destrucción a la de creación (para ello se requería de mucha mayor precisión), fracasando en su intento de crear peligro sobre los arcos rivales. Argentina concretó cinco disparos entre los palos de Cillessen y Holanda tres sobre la valla de Romero (el primero en el minuto 99 del juego).

Aunque los oranje tuvieron más el balón que Argentina, el equipo de Sabella siempre lució (subjetivamente) un poco más peligroso que su rival. Los errores defensivos de ambos eran pocos y mínimos. Y los aciertos eran contados. La emoción se fue convirtiendo en tensión y esta – en medio de la dramática lluvia – dio paso a los penales.

Allí Argentina tuvo la frialdad y la decisión que Holanda no tuvo. Esta vez los holandeses no contaron con el amparo de Tim Krul, el “arquero de los penales” que van Gaal colocó ante Costa Rica y que aquí, en un partido de otras características, ya no consiguió hacer ingresar.

La puntería argentina estiró el sueño albiceleste en Brasil y la cita del domingo en Maracanã plantea un duelo clásico ante Alemania. Tras las finales de 1986 y 1990, esta será la tercera, convirtiéndose en la definición más repetida de la historia.

Claramente, tras el 7-1 y lo “tranquila” que fue la victoria alemana (incluso con 24 horas más de descanso que Argentina), los germanos parten como favoritos. Incluso con el descontado apoyo de los brasileños que harán todo lo posible por evitar que los argentinos festejen en Río con su hit “Brasil, decime qué se siente”.

Sin embargo, el viejo y querido fútbol argentino estará ahí, de pie y con sus atributos intactos. Aquellos atributos que, sin dudas, posee un entrenador que domina todos los códigos que han hecho grande al fútbol rioplatense y que aquí ha logrado la proeza de revivir a un gigante dormido.

Sabella, para quiénes no lo conocen, es un hombre de la vieja escuela. Creció en River Plate, dirigido por Néstor Pipo Rossi, Enrique Omar Sívori y Ángel Labruna y luego terminó de formarse junto a Carlos Bilardo en Estudiantes de La Plata y participó en el proceso previo a las eliminatorias rumbo México ’86, pero no llegó a jugar en el Mundial.

Cuando el fútbol aún llora a una leyenda como Alfredo Di Stefano, Argentina se regala una final en su memoria, apelando a los atributos del viejo y querido fútbol argentino.

Di Stefano, ese cascarrabias de Barracas que regó los campos del mundo con su talento y su entrega, era también un claro producto del fútbol argentino. Alfredo soñó con un lugar en el equipo más glorioso de la historia de River, el de La Máquina que brilló en los años 40, cuya delantera integraban Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau. Esos eran sus ídolos, a quiénes, en busca de un espacio para demostrar su talento, superaría hasta convertirse en ídolo mundial en el Real Madrid.

Vistiendo una banda de luto por la muerte de la Saeta Rubia, Argentina regresó a sus raíces futbolísticas de la lucha y la pelota en São Paulo. Así, con una pizca de puntería en los penales, se ha regalado la ilusión de disputar una nueva final ante Alemania, nada menos que en el mítico templo de Maracanã.